LA BASE DE MANTA

Se ha finalizado la operación de las fuerzas estadounidenses en la Base de Manta. Tiende en, este sentido, a reparar decisiones que se tomaron en otro momento, en las cuales se sacrificó el control nacional en las tareas de investigación sobre hechos ilícitos a favor de la eficiencia que podían dar a esa tarea las fuerzas del país más poderoso del mundo.
Es, por lo mismo, un momento adecuado para pensar cuáles son los imperativos de la defensa soberana. ¿Cómo lograr una sólida construcción de nuestra soberanía? Esto es más importante aún el día de hoy porque nuestra soberanía se ha visto afectada por otros aspectos adicionales. Los hechos más llamativos son los que han sucedido en la frontera norte. Fuerzas guerrilleras usando nuestro territorio, bombardeos e incursión del Ejército colombiano. A esto, se suma un ambiente internacional caldeado. En este contexto, la soberanía se ve amenazada. Es importante que podamos defenderla.
Por ello, es importante que pensemos cómo se construye un Estado realmente soberano. Y a este respecto es importante indicar que la soberanía implica más que enfrentar y limitar la injerencia de fuerzas extranjeras en nuestro territorio. Implica sobre todo el que nosotros desarrollemos formas de actuar frente a los intereses externos con procedimientos que nunca sacrifiquen las normas y que logremos primero una decisión nacional legitima sobre cada tema.
La negociación que cedió el uso de la Base de Manta no cumplió ese requisito, pero mucho más graves para la soberanía son ciertas informaciones que hoy circulan: que fuerzas guerrilleras extranjeras se infiltraron en nuestro Estado; que un presidente extranjero hace de portavoz de nuestras decisiones; que los mismos grupos irregulares habrían financiado la campaña de nuestro actual presidente son un menoscabo a nuestra soberanía, mucho más graves que la mencionada base.
Por eso, la actitud que tenga el presidente frente a las acusaciones sobre un financiamiento extranjero a su campaña tiene enorme importancia.
El que un grupo irregular haya intentado ganar influencia sobre su candidatura es grave, pero no compromete directamente al jefe de Estado. Si ese es el caso, la actitud sana sería la de buscar la más transparente investigación de los hechos denunciados. Si, en cambio, el presidente opta por el camino de agredir a todos aquellos que se preocupan o piden investigación al respecto, las cosas sí se vuelven graves, pues casi constituye una confesión de complicidad.
La situación internacional del país se está degradando. La defensa de la soberanía exige que construyamos, de verdad, una gestión transparente. No podemos embarcarnos en aventuras respecto a conflictos en el extranjero. No debemos dejar sin aclaración los datos confusos sobre financiamientos electorales.
Estoy seguro de que el presidente sí puede superar su tendencia a insultar a quienes lo critican. En todo caso, nuestra soberanía exige que él impulse una aclaración de todas estas preguntas
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